En la actualidad existen prejuicios lingüísticos sobre el lenguaje de ustedes, los jóvenes, y se los puede organizar en tres grandes grupos:
Carencia: se los acusa de tener un vocabulario pobre. Pero esto dista de ser real, ya que a los jóvenes no les falta vocabulario, y esto es observable en la manera en que se comunican entre ellos y los recursos que despliegan al servicio de la expresividad. Como por ejemplo:
- Truncamiento: cortar las palabras. Ejemplos: zapas por zapatillas, pe por pesos.
- Siglación: poner solamente las iniciales de cada palabra. Ejemplos: tqm por te quiero mucho. ATR: a todo ritmo.
- Paronomasia: reemplazo de una palabra por otra que es similar en el plano del significante, pero no del significado. Ejemplos: lenteja en vez de lento o matienzo por mate.
- Prefijos y Sufijos: adjuntarlos a una palabra para dar valor evaluativo. Ejemplos: Prefijos: super- hiper- mega- re-; Sufijos: –azo –ita, limadazo y fierita.
- Neologísmos: creación de palabras nuevas. Ejemplos: a partir de los nombres de bandas, sumado al sufijo –ero: Los Piojos – piojeros; La Bersuit – bersuitero.
- Préstamos de otras lenguas: algunas veces se toman como préstamos, palabras de otros idiomas y se las utilizan directamente. Ejemplo: selfie: una foto que uno se hace a sí mismo. En otros caso, se pueden adaptar como la palabra espoilear, del ingles spoil: contar una parte significativa de un programa de televisión, películas, etc.
Exceso: uso de palabras innecesarias. El uso de neologismos tiene una finalidad expresiva, ya que están orientados a manifestar la subjetividad. El significado es el mismo, pero los términos novedosos funcionan como alternativas que cargan al habla juvenil de nuevos matices de sentido. El objetivo principal de los neologismos es darle al lenguaje un carácter críptico para que sea indescifrable para los adultos, logrando así marcar una diferencia con ellos.
Oscuridad: no se les entiende lo que dicen. Las condiciones pragmáticas en que los recursos lingüísticos utilizados por los jóvenes aparecen, es decir, en el contexto social en que son empleados, no siempre van a ser comprendidos por los adultos, ya que en los diálogos hay sobreentendidos entre los hablantes que hacen innecesarias o redundantes ciertas precisiones. Por ello, cuando los adultos reclaman inteligibilidad en el lenguaje juvenil se olvidan que no pertenecen a una conversación en la que sus interlocutores conocen las reglas del lenguaje.
En estos tres prejuicios cae el ex presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Barcia, al decir lo siguiente en una entrevista con el diario La Nación en el año 2006:
No existe un lenguaje del chat, sino deformaciones de la lengua. Y, en este sentido, si impulsamos el chat como una diversión, estamos discapacitando al alumno. Con este ejercicio de balbuceo primitivo de la lengua, que hace un jibarismo de las expresiones, estamos convirtiendo al chico en un inepto expresivo y, por lo tanto, en un ciudadano de segunda en el futuro.
A pesar de ese pensamiento, compartido por muchos adultos, los jóvenes son perfectamente capaces de expresarse y cuentan con una abundancia de recursos para transmitir su subjetividad en la oralidad como en la escritura. Este despliegue de recursos está orientado por una serie de constantes que distinguen al lenguaje juvenil, a la vez que reflejan comportamientos y actitudes propios de la edad: el humorismo, lo lúdico, la ironía, la exageración y una coloquialidad desenfadada.
Ahora bien, adoptar una perspectiva que reconozca y valorice el sociolecto juvenil no implica que el sistema educativo no tenga nada que hacer respecto del comportamiento lingüístico de los jóvenes. Porque, si bien todos hablamos bien el español debido a que es nuestra lengua materna, también es verdad que no es igual la destreza con que manejamos los distintos registros y géneros discursivos.
Ni la lengua estándar ni los géneros discursivos propios de la comunicación formal se adquieren de manera espontánea, por lo que la educación debe apuntar a enseñar herramientas para que dominen según la práctica social, el modo de uso de la lengua.
Manos a la obra...
En grupos de cuatro integrantes (no más de eso) debatan y agenden en sus carpetas las resoluciones de las siguientes consignas:
1. Te proponemos realizar una encuesta, tanto en el mundo virtual (facebook, twitter, instagram) como en la vida cotidiana (en la escuela, familia, barrio) Deberán elegir en las siguientes situaciones una de las opciones que sientan que los caracteriza:
a) Me voy al bolicho, ¿Qué significa?
voy a bailar - voy al bar - voy al kiosko.
b) Si te cruzas con un/a chico/a lindo/a, y le querés tirar los galgos, ¿qué le dirías?
'tas re fuerte - tantas curvas y yo sin freno -¡qué hermoso/a sos!
c) Cuando terminas de ver una peli de terror, estas:
tenes cuiqui - tenes miedo - estas cagado en las patas.
d) Cuando una persona delata a otra, ¿qué dirías?
es un buchón - se puso la gorra - es un alcahuete.
e) Cuando alguien va a un examen sin estudiar, ¿Qué hace?
guitarrea - manda fruta - chamuya.
2. A partir de la actividad anterior, reflexioná si los prejuicios de los adultos hacia los jóvenes es justificado o no. Justifica.
3. En el futuro, estando en una situación laboral, ¿Te imaginas hablando de la misma manera que hoy? ¿Por qué? ¿Cómo debería ser?
Bibliografía:
- Kuguel, Inés. (2014). De lenguas, ficciones y patrias. Los jóvenes hablan cada vez peor. Editorial UNGS. Argentina.
- La Gaceta (2006). Entrevista a Pedro Barcia en "No existe un lenguaje del chat"